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Cultura y entretenimiento, Las clases de Laura, Portada

Las becas Erasmus: alianza europea

Hablar del programa Erasmus es hablar de Europa. Creo que este punto, hasta ahora poco reseñado, sorprendentemente pasado por alto, resulta clave en estos convulsos días en los que Europa atraviesa una grave crisis económica y, principalmente, política y social, que de no reconducirse causará serios problemas en un futuro no muy lejano. El programa Erasmus nos hace recordar lo que tenemos en común y ayuda a nuestros universitarios a mirarse y reconocerse: hermana a los pueblos mucho más de lo que se puede llegar a pensar. En estos momentos imparto un curso de español para estudiantes Erasmus y puedo ver cómo estudiantes belgas, franceses, lituanos, alemanes o griegos, conviven en el aula y fuera de ellas y, comparten sus experiencias y costumbres de una manera enriquecedora: son capaces de intercambiar sus experiencias sobre temas tan comunes como sus respectivas cocinas, sobre las diferencias a la hora de salir o de organizar una fiesta, sus problemas con la vivienda, lo difícil que en algunos momentos les resulta entender a los españoles (lo que, por cierto, no me extraña nada), o lo que echan en falta de sus ciudades. Sin embargo, además de los temas cotidianos, los estudiantes intercambian entre ellos ideas sobre trabajo, economía o política europea que, en algunos casos, superan en profundidad y sentido común a más de un presidente de estado de la UE.

Conocerse para respetarse

La mayoría de los estudiantes del programa Erasmus y, por extensión, cualquier ciudadano europeo conoce muy poco de otros países de la Unión, al menos de que se trate de países geográficamente muy cercanos o con mucho contacto político o comercial. Por ejemplo, los españoles conocen medianamente a los franceses y portugueses o viceversa, pero apenas saben nada de los países del norte y este de Europa. Eso sin tener en cuenta que, en múltiples ocasiones, lo que conocemos está muy alejado de la realidad y muy visualizado a través de los medios de comunicación y de los estereotipos consolidados.

En relación a esto, el programa Erasmus hace milagros, rompe barreras culturales. Cuando se empieza un curso con alumnos en una clase de múltiples orígenes puede observarse cómo evoluciona la relación entre los estudiantes a lo largo del mismo. En la primera etapa, los estudiantes de nacionalidades muy alejadas o con culturas diversas, se observan con cierto recelo. No es difícil ver cómo los alemanes muestran cierta superioridad ante los estudiantes de países del sur, o como los del sur, consideran que los del norte son, lo que se conoce coloquialmente como unos “creídos”. Sin embargo, a medida que el curso avanza, el contacto entre ellos aumenta considerablemente y, cuando terminan sus estudios, se han roto un importante número de prejuicios: los alemanes se dan cuenta que los griegos y portugueses saben trabajar duro, los griegos entienden que los alemanes tienen sentimientos, los italianos entienden mejor el carácter altivo de los franceses, los franceses reconocen y valoran más los méritos históricos y culturales de otros países etc. El programa Erasmus funciona como una puerta al mundo para los estudiantes que participan en él y, también, por supuesto, para los que tenemos la gran fortuna de ser profesores de estos alumnos. También aprendemos mucho sobre el resto de países de la unión y, de alguna manera, cursamos nuestra propia beca Erasmus en el aula.

Lo importante de esta experiencia va mucho más allá del período de disfrute de la beca. Cualquiera de estos alumnos Erasmus, cuando vuelve a su país de origen,  ha creado lazos de hermanamiento con sus compañeros y será un ciudadano bien informado y, por tanto, estará protegido contra el bombardeo informativo malintencionado, sabrá valorar la realidad europea de una manera crítica y podrá entender la realidad política europea de una manera amplia, real y seria, atendiendo a la diversidad del viejo continente.

La internacionalización: motor económico

La participación en el programa Erasmus proporciona a muchos de los currículos de sus participantes un sello de innegable valor: la “internacionalización”. No hace mucho tiempo leí que en una artículo sobre la empleabilidad de los jóvenes, que haber disfrutado de una beca Erasmus, daba más oportunidades de encontrar un trabajo (en algunas profesiones), que el haber cursado un máster. Recuerdo que, en ese momento, mi indignación fue máxima. No sólo por el hecho de que yo haya cursado un máster y no una beca Erasmus, sino porque no lograba entender cómo se podía equiparar el nivel de conocimientos adquirido en un máster, con el nivel de conocimientos que se aprenden en un máster. Mi error estaba en no entender qué tipo de conocimientos puede valorar una empresa.

Hoy en día, muchas empresas dedicadas al área tecnológica o con un fuerte potencial para exportar o expandirse, prestan mucha atención al mercado exterior y, por tanto, buscan en sus empleados un perfil internacional. Una empresa puede preferir, y de hecho así sucede en bastantes ocasiones, contratar a un ingeniero que domine un segundo idioma, que conozca la realidad empresarial de los países en los que va a trabajar la empresa y que tenga disponibilidad para viajar o para cambiar de residencia. Este perfil se adelanta al del mejor ingeniero del mundo en la construcción de motores industriales. La especialización máxima está perdiendo el valor que sí podía tener hace quince años, en favor de un perfil internacionalizado, con mucha disponibilidad y versatilidad. Ya no se trata de hacer algo a la perfección, sino de saber hacer bastantes cosas de manera decente. Considero que esa es la línea empresarial hacia la que caminamos. Desde este punto de vista, no es difícil comprender que una beca Erasmus, nos proporciona una experiencia internacional que un máster por sí solo no puede ofrecernos. No quiere decir que yo, a nivel personal, esté de acuerdo con este planteamiento, pero sí considero que es muy cercano a la realidad económica en la que nos movemos y que, por tanto, debemos tener en cuenta.

Acerca de @clasesdelaura - Laura Arroyo

Las clase de Laura nace para poder ofrecer al alumno una educación personaliza, a su ritmo, siempre con profesores especializados y con experiencia. Buscamos el mejor aprendizaje para cada necesidad. No dudes en consultarnos cualquier duda pedagógica que quieras resolver. Estaremos encantados de ayudarte. Nos puedes encontrar en el teléfono 692 923 859 o en laura@clasesdelaura.es

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