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Cultura y entretenimiento, Las clases de Laura, Portada

Acoso escolar o cómo se cierran los ojos

Por desgracia, hace tan sólo dos días una adolescente con discapacidad, se ha quitado la vida en Madrid. Es una nueva víctima de este tipo de violencia, cada vez más extendida en nuestros centros escolares. Las causas de este problema son múltiples y complejas. Por encima de todas destaca claramente la falta de disciplina con la que las propias familias educan a sus hijos, sobreprotegidos anormalmente en la sociedad del momento. Igual que premiamos su buen comportamiento, tenemos que recuperar la sanción cuando es necesaria y saberla aplicar con sentido común y proporcionalidad con el fin de que sea pedagógica. No hacemos ningún bien a los menores dejándoles hacer lo que les da la gana y no obligándoles a ser consecuentes con sus actos. Eso corresponde a ser unos padres negligentes: sin paliativos, ni medias tintas y a hacer de los hijos unos adultos sin futuro.

En las líneas que continúan quiero compartir con vosotros mi humilde opinión como conocedora del sistema educativo, porque trabajo como profesora y, principalmente, como persona que vivió una situación de acoso escolar en la adolescencia.

Si no hago nada, parece que no sucede

Este estúpido lema tiene sus seguidores, aunque pueda parecer absurdo en sí mismo. En el dramático caso que acaba de suceder en el IES Ciudad de Jaén se sabe que los padres pusieron una denuncia hace un mes en la comisaria de zona sobre el acoso que sufría su hija y, por tanto, la dirección y la jefatura de estudios del centro ya era conocedora del caso. Sin embargo, ¿qué sucede realmente cuando existen casos de acoso? Generalmente, el centro intenta minimizar la importancia del asunto, mirar para otro lado, decir que el alumno acosado exagera la situación, dar largas a los padres del  alumno agredido (mientras éstos se desesperan) y dejar correr el tiempo para posteriormente, poner a los acosadores unos castigos mínimos con el fin de contentar a todo el mundo.

¿Por qué cuesta tanto poner soluciones a una situación a todas luces injustificable? En primer lugar, porque muchas personas no quiere asumir “quebraderos de cabeza”, que entienden como ajenos a su puesto de trabajo, a pesar de que no lo son. A los responsables del centro, se les exige que se pongan en contacto con los padres de los acosadores (que, desgraciadamente, en muchos casos, van a defender a sus hijos), que realicen una investigación de lo ocurrido (con el relato de compañeros que hayan podido ver algo, poniendo en un compromiso a chavales de 15 o 16 años), que convoquen una  reunión del consejo escolar para tomar las medidas disciplinarias que se consideren adecuadas, que informen al departamento de orientación que,  a su vez, debe gestionar las consiguientes medidas educativas que estime oportunas y, en muchos casos, debe intervenir la inspección de educación. Conclusión: si nos hacemos los ciegos, sordos y tontos, no tenemos que “comernos el marronazo”. En muchos casos, esta es la realidad.

Ha faltado tiempo para decir que la tragedia del IES Ciudad de Jaén se ha debido a los recortes. Evidentemente, que en un centro educativo trabaje un orientador para 1200 alumnos es absolutamente inadmisible y que exista masificación en las aulas o que se incremente el horario lectivo de los profesores, no ayuda a resolver nada. Obviamente, hay que invertir muchos más recursos en ayudar a nuestros docentes y al sistema educativo. Sin embargo, cuando yo fui víctima de acoso escolar tenía entre 12 y 16 años. Ahora tengo 29. Si recordamos, en esa época, la Comunidad de Madrid vivía un período de vacas gordas  y de ríos de leche y miel y, ¿qué sucedió en un IES de un distrito acomodado de la capital?: que la dirección y la jefatura “no quisieron comerse el marrón” y que el psicólogo del centro no valoró mi estado psicológico en ningún momento. Me gustaría poder explicarlo de una manera más generosa, menos cruda, pero con la reflexión de años pasados y desde la tranquilidad y la total superación de los hechos, no puedo decir otra cosa: lo demás sería mentir.

¿Cómo nos íbamos a imaginar nosotros?

Suena lamentable, pero es cierto. Una vez que sucede una tragedia, en este caso, la máxima, que es la pérdida de una vida humana, lo único que a muchos se les ocurre como justificación de necios es: “¿Cómo nos íbamos a imaginar que podría terminar esto así?” Y mi respuesta es: no se les paga por imaginarse nada. No se trata de imaginar las consecuencias posibles, sino de poner un remedio lógico antes de que éstas sucedan. Si esta joven no se hubiera suicidado, todos ellos hubieran seguido siendo cómplices del sufrimiento de esta persona y eso es lo realmente grave. La inacción, la omisión de ayuda, es algo más que negligente, es absolutamente amoral. No dudo de que el equipo directivo de este instituto esté formado por excelentes personas, seguramente sea así, pero no actuaron así en esta situación. Han sido negligentes e incompetentes a la hora de gestionar esta situación. Es por ello, por lo que ahora tendrán que asumir las consiguientes consecuencias administrativas y legales. Con esto, debemos reflexionar todos, saber valorar esta violencia con la importancia que realmente tiene (no se trata de bromas de chiquillos) y buscar vías de mediación más eficientes, rápidas y sencillas.

Mi agradecimiento más sincero

Como consecuencia del acoso que sufrí, caí enferma y tuve que pasar algunos días en un hospital del norte de Francia. ¿Cómo iban a imaginar que me pondría enferma? Ésta explicación que les sirvieron a mis padres. Por desgracia, no es un chiste. Como ven, la misma tostada con la misma mermelada que en el caso del Ciudad de Jaén. La diferencia es que yo superé todo aquello con la ayuda de muchos ángeles guardianes de los que hablaré a continuación.

Pese a la suma de negligencias, yo fui una joven inmensamente afortunada. En el centro donde estudié había profesionales competentes y comprometidos, que lucharon (incluso recibiendo amenazas) por ayudarme. No pondré el nombre de ninguno de ellos para guardar su intimidad, pero mi agradecimiento es inmenso hacia mi profesor de filosofía y tutor de bachillerato, hacia los profesores que formaban el departamento de francés y de lengua en aquellos años y hacia otros profesionales que me mostraron un inmenso afecto y respeto. Me encontré con un grupo de profesores inmensamente sensible, capaz y entregado a su vocación docente. Un fantástico grupo que representa a lo mejor de la profesión y que, representa a la mayoría de los profesionales educativos. Gracias a ellos en el recuerdo después de tantos años.

Mi fortuna, además, no se acabó ahí. Tuve la suerte de tener el máximo apoyo de mi grupo de amigos; amigos que conservo actualmente, después de tanto tiempo. Escribiendo ahora, y recordando lo “niños” que éramos, me emociono. Aquél grupo de jóvenes (cuyos nombres mantengo en el anonimato, por respeto hacia ellos), son ahora de mi edad. Eran un grupo de adolescentes con grandes valores, muy valientes, que no me dejaron sentir sola ni un segundo y que mostraron una actuación que presagiaba lo que son ahora: estupendas personas. Ojalá muchos adultos actuasen con la responsabilidad, el compromiso y la generosidad que me mostraron ellos entonces. Gracias por tanto: entonces y ahora.

Este artículo se lo dedico muy especialmente a todos los adolescentes que estén pasando por ese túnel del que se sale y a todos los profesionales que ayudan a estos muchachos a solucionar los problemas por los que pasan. Ahora nos faltan el apoyo serio de las instituciones y la mejora radical de los mecanismos de denuncia y actuación que el sistema nos proporciona.

Acerca de @clasesdelaura - Laura Arroyo

Las clase de Laura nace para poder ofrecer al alumno una educación personaliza, a su ritmo, siempre con profesores especializados y con experiencia. Buscamos el mejor aprendizaje para cada necesidad. No dudes en consultarnos cualquier duda pedagógica que quieras resolver. Estaremos encantados de ayudarte. Nos puedes encontrar en el teléfono 692 923 859 o en laura@clasesdelaura.es

Comentarios

2 comentarios en “Acoso escolar o cómo se cierran los ojos

  1. … Solo se ve de verdad hasta que pasa …

    El ¨Bullying¨ o ¨acoso escolar¨, no es ni más ni menos que el resultado extremo de una serie de circunstancias personales familiares y sociales bastante pésimas de la persona que lo promueve y lo realiza día a día ( porque esto no es de una broma de un día y ya está).

    Estoy de acuerdo con que en las instituciones de enseñanza ( sean colegios, institutos o universidades ), se va a enseñar conocimientos, no a educar PERO andando en instituciones donde la inmensa mayoría de personas son menores de edad, personas que no se han desarrollado ni emocional ni moralmente en el 99% de los casos, es un deber, y aun más incluso, una obligación no escrita de los adultos ¨supuestamente¨ responsables de los centros dar a conocer estas situaciones y actuar en consecuencia.

    Ahora … que ocupando un cargo en dirección o gestión de un centro educativo, que ya no es el centro … que realmente no gestionan un centro, gestionan el ambiente, la educación formativa y muchas otras cosas que los chavales tienen durante 4-6 años día a día más del 40% del tiempo … y no cabe en la cabeza de nadie que personas a cargo de niños y niñas de 12 a 16 años sean incompetentes en estos aspectos.

    Esto no puede pasar sin que nadie haga nada, pero pasa… no toca reflexionar ahora, toca actuar.

    Mi más sentido pésame a la familia de la chica de IES Ciudad de Jaén.

    Publicado por Gonzalo Velasco (@gonzii21) | 27/05/2015, 21:13
  2. Vvvvvvvvvvvvv mi cuñada no tinene pelos en la lengua, chapo, me quito el sombrero, ke reflegionen sobre todo esto de una vez

    Publicado por Yusuke Charls | 27/05/2015, 21:09

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