Dani Martín
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Dani Martín y Fernando Tejero mantienen una bonita amistad desde hace muchos años

Fernando Tejero es uno de los actores más queridos de nuestro país. Su personaje más conocido es el de Fermin Trujillo, en la serie La Que Se Avecina. Pese a que es una persona que demuestra simpatía -porque en el fondo es buena persona- transmite valores poco éticos en nuestra sociedad y poco recomendables para nuestros jóvenes. Es un nini de cincuenta años que vive gracias a su hija y su yerno y que poco ha hecho en su vida salvo asar cuatro espetos y tener un negocio de pedalos que fracasó.

El actor ha concedido una entrevista a ‘El Faro’ de la Cadena Ser, donde ha repasado su carrera artística y donde ha explicado momentos de su vida que poca gente conoce. Él y Dani Martin tienen una relación muy especial, pues se conocieron en la Escuela de Arte Drámatico y la familia del cocinero le salvó de -casi- la indigencia.

Yo vivía una pensión en la calle Doctor Cortezo que me costaba mil pesetas la noche y la verdad es que era una pensión decadente con una habitación que daba a un patio interior que subía una peste a calamares fritos”, explicó. “Dani era compañero mío en clase y un día se presentó en la pensión. Ya había venido conmigo en alguna ocasión porque salíamos de clase y yo iba a dejar la bolsa o cualquier cosa a la pensión. Supongo que él vio aquella pensión y no le parecía bien que su amigo estuviese allí”.

Apareció con un billete de 10.000 pesetas que se lo había dado su madre para mí y me dijo que me fuera a vivir con ellos a Algete. Me sentí como un hijo más. Carmen y Manolo, a los que quiero muchísimo, son mi segunda familia. Aquí en Madrid me trataron maravillosamente e incluso pasé algún fin de año con ellos”, explicó.

También explicó su salto a la fama. Fernando Tejero reconoció que cuando las cosas le empezaron a ir bien profesionalmente, pasó un momento muy malo porque perdió a un familiar que era como un hermano y también acabó una relación de pareja. “Cuando yo alcanzo ese éxito, mi perro enferma, pierdo a un familiar que era como un hermano y termino una relación de pareja que me destrozó vivo. Yo salía a la calle y todo eran piropos y cosas bonitas como “muchas gracias por hacerme reír, por tu trabajo””. “Me hinchaba a llorar porque realmente yo no tenía a nadie”.