La escasez de capital o la falta de previsión para el ahorro pueden abocarte a la solicitud de financiación ajena. También la necesidad de poner en marcha nuevos proyectos de autoempleo o la creación de una empresa. Por ajena, no solo nos referimos a tu banco. Hoy día, en Internet,  es fácil encontrar otras vías externas para la obtención de préstamos y créditos.

Los productos financieros se caracterizan por los siguientes conceptos. Tenlos en cuenta  para saber qué producto es el más ventajoso en tu caso.

Cosas a tener en cuenta en la financiación

Tipo de interés: El precio del dinero. Indica, por lo general en tanto por ciento anual, lo que deberemos pagar a nuestro acreedor por el capital recibido (además de la devolución de este último, lógicamente). El precio real de un crédito no depende sólo del tipo de interés aplicado, sino también de la frecuencia de pago de los intereses. Así, un préstamo al 12% anual por el que haya que pagar intereses mensualmente es más caro que si pagáramos los intereses anualmente. Todos los contratos de financiación incluyen el tipo de interés nominal. La legislación española obliga a que se incluya en ellos también el cálculo de la TAE (Tasa Anual Equivalente), para una mayor facilidad en la comparación.

Plazo de amortización: Puede ser corto, medio o largo. En definitiva, el periodo en que se reembolsará gradualmente a deuda adquirida.

Comisiones y gastos asociados: Podrán ir expresados en términos absolutos o en porcentaje. Con toda la probabilidad, el intermediador aplicará una comisión por los servicios prestados.

Garantías o avales requeridos: Pueden establecerse sin restricción alguna o tener alguna limitación de tiempo o cantidad. Es un instrumento solidario, es decir, el acreedor puede dirigirse contra el avalista sin tener que hacerlo antes contra el deudor.

Plazo entre la solicitud del producto y la obtención del mismo: Por lo general, a mayor cantidad, más controles y mayor retraso en la obtención del producto.