Vecinos crean un club de senderismo para mayores en la Estrella Polar

Una mañana de octubre, un grupo de jubilados se reúne en el número 14 de la calle de la Estrella Polar con mochilas, bastones y muchas ganas de caminar. Lo que comenzó como una propuesta informal entre cinco vecinos del bloque se ha transformado en pocas semanas en un club estable pensado para personas mayores del distrito de Arganzuela. La iniciativa ha despertado el interés de residentes de calles próximas y de asociaciones vecinales que ya preguntan por las próximas rutas.

La idea nació tras un taller de memoria organizado por el centro municipal, donde varios asistentes reconocieron que les costaba mantener una rutina de actividad adaptada a su edad. Los impulsores defienden que caminar por el campo mejora la salud cardiovascular, refuerza la memoria, dinamiza las relaciones sociales y levanta el ánimo de quienes pasan solos buena parte del día. El grupo ya cuenta con más de veinte inscritos y prepara su tercera salida conjunta a la sierra madrileña.

Orígenes en una conversación de portal

El proyecto arrancó en una charla nocturna entre Magdalena, Manuela y Paco, tres vecinos que llevan décadas viviendo en el mismo tramo de la calle. Tras comentar las dificultades que encontraban para apuntarse a clubes convencionales —horarios incompatibles, ritmos exigentes o desplazamientos largos— decidieron crear algo hecho a su medida.

Lo primero fue convocar una reunión en el bajo de uno de los portales. Asistieron doce personas mayores de sesenta años. Se repartieron tareas: unos estudiarían rutas accesibles, otros contactarían con el centro de salud para pedir recomendaciones médicas, y otros difundirían la iniciativa. En menos de un mes ya tenían logotipo, nombre y un grupo de WhatsApp con cincuenta miembros.

Pensado para quienes caminan despacio

El club se diseñó con una premisa clara: ninguna ruta debe superar los ocho kilómetros ni presentar pendientes pronunciadas. Antes de cada salida, los organizadores revisan el perfil de elevación, la disponibilidad de bancos y la presencia de fuentes en los pueblos cercanos. Esta planificación busca eliminar los imprevistos que suelen desanimar a las personas mayores a la hora de practicar deporte al aire libre.

Las salidas se programan en días frescos de primavera, otoño e invierno, evitando las horas centrales del verano. Los participantes reciben recomendaciones sobre hidratación, calzado adecuado y un pequeño botiquín. Quienes sufren de rodillas o problemas articulares encuentran siempre variantes más cortas en el mismo itinerario.

Destinos accesibles en la sierra

Las primeras rutas elegidas combinan naturaleza, patrimonio rural e historia, lo que convierte el paseo en una experiencia cultural completa. Los veteranos del grupo reconocen que redescubren pueblos que conocían de jóvenes y a los que no habían vuelto en décadas.

Rutas iniciales del club:

Más que caminar: un plan para sentirse mejor

Los médicos del centro de salud de Arganzuela han valorado positivamente la iniciativa, ya que el senderismo suave reúne buena parte de las recomendaciones que suelen dar a pacientes mayores: ejercicio aeróbico moderado, exposición solar para fijar vitamina D, socialización y estimulación cognitiva. Varios integrantes han reducido sus visitas a la consulta por dolencias musculares tras apenas dos meses de paseos regulares.

Durante las paradas se organiza una merienda colectiva en la que cada uno aporta algo. Las conversaciones fluyen sin prisa y, con frecuencia, aparecen recuerdos de excursiones familiares, oficios antiguos o historias del propio barrio. Algunos miembros han retomado aficiones olvidadas, como la fotografía de paisajes o la recolección de plantas para infusiones.

En estos intercambios caben todo tipo de lecturas y puntos de vista, desde revistas especializadas hasta análisis contemporáneos que invitan a la reflexión sobre distintas tradiciones culturales. Esa diversidad intelectual forma parte del atractivo del grupo.

Cómo se organiza el club cada mes

El funcionamiento es sencillo. Cada último domingo del mes se celebra una reunión informativa en el centro cultural del distrito, donde se confirman las salidas y se reparten fichas con mapas, teléfonos de emergencia y nombres de los coordinadores. El grupo dispone de un fondo común para cubrir el alquiler de un microbús en los trayectos largos.

Las plazas se asignan por orden de inscripción, dando preferencia a los empadronados en Arganzuela. Los responsables insisten en que no hace falta experiencia previa, solo ganas de caminar y respetar los ritmos del grupo. Una voluntaria con formación en primeros auxilios acompaña siempre a la expedición, lo que aporta tranquilidad a los familiares.

Una apuesta por el barrio

El club de la Estrella Polar se suma a otras iniciativas vecinales que han convertido a Arganzuela en un referente de participación. En los últimos meses, distintos colectivos han impulsado mercados de trueque, huertos urbanos y propuestas carnavaleras, como La comparsa de carnaval del barrio de Palos de la Frontera que busca disfraces reciclados, que también invita a mayores a participar en sus talleres de costura.

Los organizadores confían en que el proyecto seguirá creciendo y en que, en próximas ediciones, se abran secciones específicas para personas con movilidad reducida o para parejas que comparten la afición sin prisas. La experiencia demuestra que el envejecimiento activo empieza mucho antes de lo que muchos imaginan.

Próximas salidas y cómo sumarse

Las próximas excursiones programadas incluyen una visita a Buitrago de Lozoya en noviembre y una ruta por los pinares de Valsaín en diciembre. Las inscripciones se realizan a través del grupo vecinal o llamando al teléfono del centro cultural durante las mañanas laborables. Los miembros recomiendan llevar ropa de abrigo en capas, gorra y una pequeña libreta para apuntar plantas, pájaros y recuerdos.

Recomendaciones básicas: